Los piratas de la oficina

Yo soy una persona anti emails, por lo menos para gestionar las tareas concretas de los programadores, lo que se llama las órdenes de trabajo. Es difícil hacer un seguimiento, si alguien se incorpora a posteriori al proyecto hay que andar reenviando los correos, en fin, no me parece muy adecuado.

En uno de los múltiples proyectos en los que he participado, había una metodología de trabajo un poco desértica, vamos que no había prácticamente nada. Básicamente la típica herramienta hecha en casa para imputar horas y hacer seguimiento económico de los proyectos.

Recalé en ese proyecto justo antes de verano, así que a la vuelta de las vacaciones instalé un Bugzilla en una máquina virtual en mi ordenador y empecé a hacer apología del mismo, hasta que llegó la noticia a uno de los jefazos, que me llamó a su despacho. Y no era precisamente que destacase por ser un bonachón…

Estuvimos hablando un rato y yo ni corto ni perezoso le dije que la herramienta para imputar horas (hecha por la empresa) no me servia para nada, lo cual era cierto. Me sorprendió mucho que estuviese de acuerdo, de hecho me empezó a explicar lo de las ordenes de trabajo, que era un concepto que yo no había oído en mi vida y algunas cosas más.

Y me dijo que le parecía bien lo del Bugzilla, pero que había que encauzarlo con el resto de herramientas de la empresa, porque sino, si iba por libre, me convertiría en un pirata y a los piratas había que colgarlos.

Posteriormente hicimos algunas reuniones para integrar la funcionalidad con la herramienta de la empresa, que al final acabó en nada y finalmente la empresa se sacó la certificación CMMI con el Bugzilla, mi Bugzilla, además con el reconocimiento de la iniciativa que hizo el auditor delante de todo el mundo, dueño de la empresa incluido…

No puedo estar más de acuerdo con el concepto de los piratas. Está bien que la gente tenga iniciativa, proponga mejoras, siempre y cuando no impacte en el cumplimiento de los compromisos adquiridos (terminar las tareas encomendadas en forma y plazo), pero esas iniciativas si no se encauzan correctamente suelen acabar en anarquía y eso no es bueno.

Una vez un compañero de trabajo me dijo: puedes saltarte las normas, pero como lo que hagas no vaya bien te va a caer una buena.

En esa época del Bugzilla ya tenia una considerable experiencia y sabia que podía argumentar sólidamente el uso del Bugzilla, no en vano uno de los primero jefes que tuve mucho antes del episodio del Bugzilla me llamaba Iñigo «Segurola», y eso que en aquella época era un bala perdida comparado con como era en la época del Bugzilla.

Resumen: Innova, propón mejoras, pero estate muy seguro de lo que propones y sobre todo… no seas un pirata. Esta filosofía me parece importantísima para la Industrialización del Desarrollo.

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