¿Porque hay tantas asociaciones?

Hace ya mucho tiempo que me regalaron un bonsai, concretamente un olmo (de ahí lo de olmito).

En una de estas charlando con otro bonsayista amigo y con algunos años más que yo, le comentaba que no entendía porque había tantas asociaciones. El me comentó que en las asociaciones hay gente que comparten un único punto en común, en este caso el bonsai. Pero en esas asociaciones hay personas de muy diferente condición, como el mundo mismo, con mas o menos poder adquisitivo, con mas o menos estudios, con diferencias opiniones políticas, etc. y eso suele provocar roces y escisiones.

Las empresas al final no son muy diferentes en estos aspectos de una asociación, hay mucha gente cada uno de su padre y de su madre. Lo malo es cuando esta lógica diversidad se desmadra y no se gestiona bien.

Siempre hay personas con las que tienes más o menos afinidad, pero cuando las personas empiezan a tomar decisiones de trabajo por motivos personales en vez de por motivos profesionales las cosas suelen acabar mal.

He sido testigo, con tristeza, de varias situaciones en las que ciertos responsables no decían nada a una persona de su equipo que estaba haciendo unas chapuzas inmensas, pero que era de su «cuadrilla», pero ponía a bajar de un burro a otra persona que hacia su trabajo perfectamente, simplemente por «molestarle» con alguna pregunta.

Ni que decir tiene que esos proyectos no acabaron nada bien…

Esto entronca perfectamente con los planteamientos de marca persona. Al final hay que cuidar tu imagen (tu marca) porque las chapuzas que hagas te irán acompañando por las empresas por las que vayas pasando. Es muy ingenuo pensar que con cambiar de empresa todo se evapora.

Los piratas de la oficina

Yo soy una persona anti emails, por lo menos para gestionar las tareas concretas de los programadores, lo que se llama las órdenes de trabajo. Es difícil hacer un seguimiento, si alguien se incorpora a posteriori al proyecto hay que andar reenviando los correos, en fin, no me parece muy adecuado.

En uno de los múltiples proyectos en los que he participado, había una metodología de trabajo un poco desértica, vamos que no había prácticamente nada. Básicamente la típica herramienta hecha en casa para imputar horas y hacer seguimiento económico de los proyectos.

Recalé en ese proyecto justo antes de verano, así que a la vuelta de las vacaciones instalé un Bugzilla en una máquina virtual en mi ordenador y empecé a hacer apología del mismo, hasta que llegó la noticia a uno de los jefazos, que me llamó a su despacho. Y no era precisamente que destacase por ser un bonachón…

Estuvimos hablando un rato y yo ni corto ni perezoso le dije que la herramienta para imputar horas (hecha por la empresa) no me servia para nada, lo cual era cierto. Me sorprendió mucho que estuviese de acuerdo, de hecho me empezó a explicar lo de las ordenes de trabajo, que era un concepto que yo no había oído en mi vida y algunas cosas más.

Y me dijo que le parecía bien lo del Bugzilla, pero que había que encauzarlo con el resto de herramientas de la empresa, porque sino, si iba por libre, me convertiría en un pirata y a los piratas había que colgarlos.

Posteriormente hicimos algunas reuniones para integrar la funcionalidad con la herramienta de la empresa, que al final acabó en nada y finalmente la empresa se sacó la certificación CMMI con el Bugzilla, mi Bugzilla, además con el reconocimiento de la iniciativa que hizo el auditor delante de todo el mundo, dueño de la empresa incluido…

No puedo estar más de acuerdo con el concepto de los piratas. Está bien que la gente tenga iniciativa, proponga mejoras, siempre y cuando no impacte en el cumplimiento de los compromisos adquiridos (terminar las tareas encomendadas en forma y plazo), pero esas iniciativas si no se encauzan correctamente suelen acabar en anarquía y eso no es bueno.

Una vez un compañero de trabajo me dijo: puedes saltarte las normas, pero como lo que hagas no vaya bien te va a caer una buena.

En esa época del Bugzilla ya tenia una considerable experiencia y sabia que podía argumentar sólidamente el uso del Bugzilla, no en vano uno de los primero jefes que tuve mucho antes del episodio del Bugzilla me llamaba Iñigo «Segurola», y eso que en aquella época era un bala perdida comparado con como era en la época del Bugzilla.

Resumen: Innova, propón mejoras, pero estate muy seguro de lo que propones y sobre todo… no seas un pirata. Esta filosofía me parece importantísima para la Industrialización del Desarrollo.